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10/11/2013

Los falsos dilemas y los reales problemas de la política griega.
Comentarios a propósito del auge y del ocaso del nazismo en Grecia
Carlos Simon Forcade

Es verdad, las criaturas monstruosas no nacen ex-nihilo. En este sentido, Kostas Lapavitsas en un ensayo[1] publicado en su sitio web, confirma como el partido neonazi Amanecer Dorado es la criatura política más auténtica que engendró la política de reajuste fiscal y sanación de la economía pública griega, la cual se aplica a diestra y siniestra en suelo griego  desde hace casi un lustro.  Es decir, el fascismo puede ser, bajo determinadas condiciones, el síntoma político extremo de una democracia fallida y la carta siniestra de una una política neoliberal radicalizada.
Amanecer Dorado –el nombre por sí solo nos preanuncia en parte de qué va la cosa-  no es simplemente un partido político ascendido al estrellato de los sondeos electorales y a la categoría de los “bravos de la Nueva Grecia” que saben que la auténtica acción política se “expresa en la calle”. Estamos también ante un partido que al mismo tiempo se desenvuelve como organización política que tiene voz y voto en el Parlamento de la nación, como movimiento social con demandas radicales, como equipo criminal con importantes reservas de fuerza bruta paralela y comercio paralelo, una organización con estructura militar y fraseología de fraternidad secreta, que lo mismo se mueve como un jerarquizado equipo de comando para “actividades especiales” que como un grupo de políticos de rostro serio y complexión greco-espartiana que tocan temas candentes, y hasta inauditos, jugando a la fuerza antisistémica y antieuropea dentro del Parlamento.
Un partido que se presentó a las elecciones pasadas de mayo-junio de 2012  como “antisistémico”, pero que en realidad constituye el pilar fundamental de las deterioradas relaciones sociales que trajeron la crisis, y por tanto del sistema polítco que ha sido el responsable de esta crisis estructural que sufre el país. No es un mero instrumento en manos de los círculos de poder, una forma moderna del Estado paralelo en el período de la postguerra civil. Por el contrario, es el nacimiento de un monstruo político, el cual tiene una relativa independencia y puede poner en peligro las redes del poder político dominante.
Tal es el carácter histórico del fascismo y así ha resultado también tan peligroso en Europa y en otros lugares. Una respuesta eficaz en Grecia frente a este fenómeno político requiere una clara comprensión de su naturaleza. Es cierto que quienes condujeron a este país a esta trágica situación –quienes hoy ocupan las sillas y tienen las riendas del poder político- no van a poder controlarlo.
Las políticas de reajustes de la Troika cambiaron el rostro social de Grecia, pero sin transformar los mecanismos de poder social y político que causaron la crisis. Tales políticas condujeron al desastre nacional de la economía, provocando un enorme desempleo y la caída de los salarios: en resumen han aplastado las clases y grupos sociales mas numerosos y fundamentales para el sosten y el desarrollo de la economía nacional. La clase media fue triturada a través de los altos impuestos, la destrucción del tejido empresarial y la devaluación de los bienes raíces.  La sensación de disolución se sintió con más fuerza en los marcos de la educación y la salud. Comenzó a romperse el tejido conectivo de la sociedad, a incrementarse el temor ante el alza de la criminalidad y la ilegalidad.
Las políticas de reajustes de la Troika cambiaron también al Estado. Con el pretexto de la sanación económica, sustrajeron mecanismos públicos y potenciales, fueron  perseguidos los funcionarios públicos, y las fuerzas armadas sufrieron un proceso de desestructuración. Los que se ocupan seriamente con el tema de la organización del Estado, saben perfectamente que no existe ninguna posibilidad para ningún país de recuperación económica en tales condiciones, sino todo lo contrario. Los mecanismos de la corrupción y la colusión se hacen más fuertes, son contratados fundamentalmente compañias extranjeras y se crea una poderosa oligarquía. Simultáneamente aparecen mecanismos paralelos, a menudo con estructuras de la mafia organizada, que reemplazan al ya debilitado Estado.
Finalmente, las políticas de reajustes de la Troika generaron una intensa sensación de humillación y denigración nacional. Grecia parecía pedir, obedecer sumisamente a mandatos foráneos, temblorosa ante la llegada de los “imparciales” burócratas que sólo dan las órdenes. Los griegos sufrieron un duro golpe por la pérdida de su dignidad nacional y la constante denigración en los medios de comunicación internacionales.
El Partido Amanecer Dorado supo entender rápidamente tal desesperación y la ira de las clases media y trabajadora, la inseguridad ante la ruptura de los vínculos sociales. Sin un programa económico coherente –cómo podrían además- se proclamó con fuerza contra la política de la Troika. Simultáneamente se proyectó así mismo como un partido con las manos limpias y que se preocupaba por la vida cotidiana del griego.  Encontraron un fácil chivo expiatorio en los inmigrantes como culpalbles de la destrucción social y aparentemente sugirieron soluciones de violencia. De esta manera obtuvo una estrecha relación con el Estado, el cual aceptaba ya tales presiones de fuerza, especialmente  en cuanto al papel de las fuerzas de seguridad, creando  mecanismos paralelos. Este partido nazi explotó el sentimiento de humillación nacional hablando en las calles sobre la bandera, las tradiciones nacionales y la la historia.
La verdad es que Amanecer Dorado representa el fascismo clásico tratando de ocultarse cuidadosamente, porque sabe que el pueblo griego no ha olvidado la Ocupación Alemana y reacciona automáticamente cualquier cosa que les recuerde a los nazis. Se presenta como una fuerza antisistémica que rechaza al sistema político corrupto, mientras que va para la reserva dorada del stablishment. Por encima de todo, sin embargo, no es un "jugador" normal en la escena política. El culto a la violencia, el racismo visceral, la idolátrica  creencia en símbolos y la estructura militar del partido lo hace sea peligroso para el normal funcionamiento de la democracia parlamentaria. Esta dimensión del fascismo se encontró también tras los últimos acontecimientos.
El mes de septiembre, resultó decisivo para las fuerzas parlamentarias que apoyan las políticas de la Troika. La posición oficial de estas fuerzas es que el programa tiene éxito, que la recesión está llegando a su fin y que pronto el país tendrá un crecimiento dinámico. El Gobierno es consciente de que esta falsa imagen no resiste siquiera un minuto de crítica. En realidad, Grecia necesitaría un nuevo préstamo de la Troika, mientras que la economía se estancará en ruinas durante varios años. Con la sociedad encontrándose en sus propios límites, y reduciéndose cada vez más el apoyo electoral a la coalición que gobierna el país, el callejón sin salida se hace más visible y amenazador.
El potencial explosivo demostrado por las protestas en el ámbito de la educación, pero  también en el aspecto amenazador de Amanecer Dorado. El ataque contra el Partido Comunista y los sindicalistas en Pérama envió un mensaje de autoconfianza que tal movimiento había conseguido. El asesinato de Pavlos Fyssas les mostró que había llegado el momento de derramar la sangre no sólo griegos y no sólo de inmigrantes. Teniendo acceso legal al Estado, el fascismo estaba demostrando poder y impunidad.
La inesperada y rápida movilización del aparato estatal contra el partido nazi, mediante la captura de sus líderes, muestra que el gobierno decidió salir del callejón sin salida dando una lección y restringiendo el riesgo de la ultraderecha fascista. La política troikana llevada a cabo por el poder político en Grecia, se basó en la primera vez en temor  usando el forzoso dilema de “Memorandum o dracma”, para aterrorizar principalmente a las capas medias. Ahora que el chantaje perdió fuerza necesita una nuevo instrumento de terror. El gobierno ahora ensaya un nuevo y falso dilema: " Memorandum  o fascismo".
El gobierno tomó la decisión de presentar al fascismo como un alto riesgo político a nivel nacional cuyo enfrentamiento se  llevaría a cabo por los aparatos policiales del Estado, en nombre de la «perspectiva europea» y de las «reformas». Decisión que fue tomada bajo una estrategia de excepción, un día después de que el máximo representante de este partido nazi anunciara sobre probables coaliciones preelectorales con el partido Nueva Democracia –el partido del primer Ministro Antonios Samaras.
Este es el mensaje esencial del "frente constitucional"  del que tanto habla el Vicepresidente del Gobierno griego Evangelos Venizelos. Es decir: Todos juntos, con paciencia, perseverancia y fe en la policía, hasta que vengan tiempos mejores. De lo contrario, lo que le espera a la sociedad, es  fascismo.
El nuevo dilema es absolutamente falso y extremadamente peligroso. La legalidad y la regularidad que predica el gobierno no es más que la de la pobreza y el autoritarismo estatal. Es una legalidad que le permite legitimarse como fuerza protectora de un Estado de derecho que realmente no existe y como fuerza reguladora para controlar todo aquello que desea controlar en favor de intereses específicamente partidistas.
Las personas que apoyan a Amanecer Dorado no son ni ideológicamente fascistas, ni criminales fundamentalistas ni racistas intolerantes. Son, en su mayoría, ciudadanos indignados que buscan una solución a los enormes problemas  que fueron creados por la politica troikana. Se indignan cuando ven que las estrellas de la vida política y mediática del país, quienes sabidamente son los responsables de la catástrofe nacional contiúan gobernando este país. El frente anti-Troika  puede ganarlos si tal aparece como una fuerza convincente de reversión y cambio real para el país: un frente unido de los trabajadores y de las fuerzas populares con perspectiva radical puede eliminar la acción criminal del fascismo.


10/07/2013

«Η εναλλακτική λύση, η οποία προτάσσει τη νέα κουβανική αριστερά στηρίζεται στις αρχές της αλληλεγγύης, της κοινωνικής δικαιοσύνης και του εκδημοκρατισμού των θεσμών που θα επιτρέπουν στους Κουβανούς να βρεθούν τους τρόπους να αρθούν τα χιλιαειπωμένα ψευτοδιλήμματα που έχουν δηλητηριάσει την κοινωνική και πολιτική μας συνείδηση. Με σκοπό να ενεργοποιηθούν το δυναμικό της λαϊκής δημιουργικότητας και τα αντανακλαστικά των τεσσάρων επαναστάσεων και των δημοκρατικών καταβολών της δικής μας ιστορίας. Με την έννοια αυτή, το χαρακτηριστικό που διακρίνει το OBSERVATORIO CRITICO μέσα στην Κουβανική αριστερά είναι το να δίνουμε μείζονα προτεραιότητα στην καταπολέμηση της αποξένωσης του ανθρώπου και της αλλοτρίωσης της κοινωνίας, να αποτρέψουμε, οποιαδήποτε απόπειρα καπιταλιστικής η (νέο)αποικιακής αποκατάστασης στη χώρα μας. Το ζητούμενο δεν είναι να επιτευχθεί την ανάπτυξη καθεαυτή της χώρας για να βγούμε από την φτώχεια με πλαστά λεφτά, αλλά τι είδος ανάπτυξης και γενικώς τι είδος κοινωνίας θέλουμε να κάνουμε. Ο δικό μας αγώνας στην Κούβα είναι ενάντια στη φτώχεια, την οικοκτονία, την ομοφοβία, τον ρατσισμό, και τον κάθε τύπου αποκλεισμό και ελιτισμό που καθορίζει το ancien regime.» 

Η χειραφέτηση των εργαζόμενων: Mία  αέναη πρόκληση
Δημοσιεύτηκε στις 23 Σεπτεμβρίου 2013 στην ιστοσελίδα του Observatorio Crítico της Κούβας
Από  Rogelio Díaz Manuel Moreno

Η Επιτροπή για μία Διεθνή των Εργαζομένων αναγνωρίζει την απόδοση του Observatorio Crítico της Κούβας προς την ενδυνάμωση των πολιτών.

Τα μεγάλα καπιταλιστικά συμφέροντα που υπερισχύουν στις σύγχρονες κοινωνίες έχουν καταφέρει μια σχετική ηγεμονία και επικράτηση των μηνυμάτων και των ιδεολογιών τους. Η δύναμη της ιμπεριαλιστικής διαίρεση του κόσμου, η συντριπτική της κατίσχυση επί των μέσων ενημέρωσης διά της προπαγάνδας, μαζί με τη μνημειώδη απάτη που σήμανε ο υπαρκτός  σοσιαλισμός, επέτρεψαν αυτό το αποτέλεσμα. Ωστόσο, μία βαθύτερη ματιά αποκαλύπτει, ισχυρότερα αποθέματα δύναμης και ελπίδας για τους καταπιεζόμενους  της γης .
Οι αιτίες της κατάστασης αυτής δεν μπορεί να είναι παρά μόνο εύγλωττες. Η παγκόσμια οικονομική κρίση προκάλεσε ιλιγγιώδες πλήγμα ακόμα και σε κοινωνικούς τομείς που θεωρούνταν μέχρι πρότινος ασφαλείς, με επακόλουθες επιπτώσεις όπως η ανεργία, η εξαθλίωση, η έλλειψη στέγης και ακόμη και κύματα αυτοκτονίας. Στον Τρίτο Κόσμο, οι λαοί παλεύουν εναντίον την αναποτελεσματικότητα των μηχανισμών που υπόσχονταν  κάποτε την κοινωνική πρόοδο, αλλά αντιθέτως έχουν προκαλέσει κυρίως περιβαλλοντικές και οικολογικές καταστροφές.
Επιπλέον, η εκπληκτική σύγχρονη τεχνολογική ανάπτυξη, η ταχύτατη διαδικτυακή συνδεσιμότητα του πλανήτη μας, ενθαρρύνει επίσης και την ανάπτυξη και την ενσωμάτωση δικαιότερων και ανθρωπινότερων κανόνων πέρα από το υφιστάμενο παιχνίδι που επιβάλλεται στην παγκόσμια σκακιέρα.

Τον Απρίλιο του 1974, ιδρύθηκε την Επιτροπή για μία Διεθνή των Εργαζομένων, μέσα  στο  ψυχροπολεμικό πλαίσιο, και ακόμα ήταν αδύνατο να προβλέψει κανείς την απότομη Πτώση του Τείχους του Βερολίνου. Οι πρωτοπόροι της ήταν τότε οι υποστηρικτές του σήμερα Βρετανικού Σοσιαλιστικού Κόμματος, εμπνευσμένοι από την κληρονομιά των κοινωνικών αγώνων των εργαζομένων κατά τον 19ο και τον 20ο  αιώνα .
Η Επιτροπή για μία Διεθνή των Εργαζομένων αντιλήφθηκε τις ζημιές που προκαλούσαν οι σταλινιστικές πολιτικές στους πυρήνες των  διεθνών εργατικών κινημάτων. Και τότε επιβαλλόταν την ανάγκη ανάπτυξης στρατηγικών εκδημοκρατισμού των κομμάτων που να εκπροσωπούσαν τους εργαζόμενους και τα θύματα της καπιταλιστικής εκμετάλλευσης, να επεξεργάζονται πολιτικά προγράμματα που συνάδουν με τα ιδεώδη της ελευθερίας και κοινωνικής δικαιοσύνης. Τέτοιες αρχές έπρεπε να έχουν αναπόφευκτα ένα διεθνιστικό χαρακτήρα, να φτάνει σε κάθε γωνιά του πλανήτη όπου υπάρχει ένας εργαζόμενος με τη δυνατότητα να επωφεληθεί και να συμβάλει στον αγώνα των εργαζόμενων. Βέβαια, αυτές οι ιδέες πηγάζουν από τον μαρξισμό, των κλασικών του μαρξισμού, Μαρξ, Ένγκελς, Λένιν, Τρότσκι, και από την αναγνώριση των εξελίξεων  των σύγχρονων οικολογικών, εναλλακτικών και προοδευτικών κοινωνικών κινημάτων σε όλο τον κόσμο.
Για αυτούς τους λόγους, ξεκινάει τη συμμετοχή των συντρόφων της Επιτροπής για μία Διεθνή των Εργαζομένων στην υπεράσπισης των αιτημάτων και διεκδικήσεων των εργατικών αγώνων σε διεθνικό επίπεδο. Στο παγκόσμιο προσκήνιο δεν γίνονται εύκολα αντιληπτά οι κατάλληλες  συνθήκες για και μαζική και μαχητική ανάπτυξη ενός κινήματος του τύπου Σοσιαλιστικής Διεθνούς, ειδικά με «κόμματα εργαζόμενων» που συντονισμένα να αγωνιστούν ενάντια στον νεοφιλελευθερισμό. Αυτό δεν σημαίνει ότι δεν παρουσιάζονται αμέτρητα και απρόβλεπτα σενάρια επιτακτικών μαχών εναντίον των εκμεταλλευτών και των κυρίαρχων του παρόντος καπιταλισμού. Σήμερα, σε πολλαπλά μέρη του πλανήτη εμφανίζονται διαμαρτυρίες και αγώνες, οι οποίες τονίσουν την ανάγκη για την αντίσταση, τόσο πιο αποτελεσματική όσο και πιο συνειδητή, βαθύτερη και συντονισμένα να προχωρήσει.
Με τέτοιες προσπάθειες, μέλλει να ωριμάσουν οι συνθήκες για την οργάνωση και συγκρότηση των λαϊκών δυνάμεων, ικανών να μάθουν από τα λάθη του παρελθόντος, κάνοντας εξίσου διακριτική απόσταση από τα ουλτρα-αριστερίστικα ολισθήματα και τον  οπορτουνισμό που κατέστρεψαν τις προηγούμενες απόπειρες χειραφέτησης. Συνάμα,  καθίσταται και η στρατηγικού χαρακτήρα ένωση δυνάμεων σε διεθνικό επίπεδο, με πυρήνες και οργανώσεις με παρεμφερή συμφέροντα. Για το σκοπό αυτό, η Επιτροπή για μία Διεθνή των Εργαζομένων αφιερώνει τις μεγαλύτερες της προσπάθειες.
Στη συγκεκριμένη περίπτωση της χώρας μας, η Επιτροπής για μία Διεθνή των Εργαζομένων έχει ήδη εκφράσει  την ιδεολογική της  ταύτιση με τις αντικαπιταλιστικές και τις  δημοκρατικές αρχές –εκδημοκρατισμός της πολιτείας και της κοινωνίας- που υποστηρίζουμε και προωθούμε στα δρώμενα και  διακηρυχθέντα της πολιτικής και πολιτισμικής ομάδας του OBSERVATORIO CRITICO. Η φιλία αυτή μεταξύ των κοινωνικών κινημάτων μας, ορθώνει έτσι, με φυσιολογικό τρόπο, μια διευρυμένη επικοινωνιακή πλατφόρμα για την οικοδόμηση κοινών μας προσπαθειών.
Τον φετινό Δεκέμβριο, θα είναι η συνάντηση της Εκτελεστικής Επιτροπής αυτής της οργάνωσης. Έχουμε θεωρήσει, μέσα στις συνελεύσεις μας πως τέτοια συνάντηση θα ήταν μία καλή ευκαιρία να γνωστοποιούμε τις δικές μας προσπάθειες. Ιδιαιτέρως, θα παρουσιάσουμε τη μαρτυρία μας απέναντι στα φλέγοντα θέματα στα οποία δίνουμε έμφαση μέσα στο πολύπλοκο πολιτικό και κοινωνικό πλαίσιο που αφορά στην κουβανική περίπτωση. Και με αφορμή τα πιο επίκαιρα ζήτημα που ακριβώς πρόκειται για το εργασιακό ζήτημα. Εντούτοις έχουμε καταθέσει δημοσίως και κατεπειγόντως την ανάγκη να αλλαχτεί δραστικά και ριζικά τον προτεινόμενο από το Κουβανικό Κοινοβούλιο τον Κώδικα Εργασίας, τον οποίο αντιλαμβανόμαστε ως θανάσιμη απειλή για τη συνακόλουθη και μέλλουσα ανάπτυξη του σοσιαλισμού στη χώρα μας.

10/01/2013

Publicado en Blog del Observatorio Crítico septiembre 30, 2013 de luchatuyucataino

Por Rogelio Manuel Díaz Moreno y Dmitri Prieto Samsónov.

Porque estamos en contra de la explotación capitalista. Porque rechazamos los intentos de despojar a la clase trabajadora de sus conquistas, alcanzadas a lo largo de décadas y siglos de arduas luchas. Porque repudiamos las maniobras de quienes intentan retornar, a Cuba, un sistema de dominación basado en el egoísmo, la enajenación, la discriminación y la represión de las libertades de la ciudadanía.
Con todas estas razones como fondo, integrantes del Observatorio Crítico fuimos en la mañana de este domingo, 29 de septiembre de 2013, al céntrico parque habanero de El Curita. Concretamente, se trataba de debatir y llegar a consensos sobre las actitudes a tomar ante una propuesta legislativa que parece favorecer tanto a los intereses de sectores de la burocracia gobernante, como de quienes abogan abiertamente por un futuro capitalista para Cuba. El proyecto de Código Laboral, de probable aprobación en la próxima sesión del Parlamento cubano, es el pilar alrededor del cual pueden enlazarse cordialmente los proyectos de futuro de esos polos de nuestro panorama político que suelen aparecer como opuestos: el de quienes que empujan el proyecto de Código y el de los otros, que guardan sobre él un silencio cómplice.
Las cláusulas del muy cuestionable proyecto de Ley laboral aportan todas las condiciones para el florecimiento de las relaciones de explotación, incluso más descarnada que en muchos de los países llamados capitalistas. A la vuelta de más de cincuenta años de un proceso declarado socialista, estamos abocados a una reforma laboral que empodera fuertemente a la empresa privada (nacional hoy disfrazada de trabajo por cuenta propia- y extranjera) con nuevas posibilidades para la clásica explotación de trabajo asalariado; y con una reducción tal del poder y los derechos de los trabajadores y sindicatos, que constituye el ensueño de los patrones capitalistas del mundo. Estas posibilidades son actualmente el objeto de la nuestra más intensa campaña de crítica y denuncia, como puede encontrarse en nuestras recientes publicaciones y como hacemos público en todos los espacios que se ponen a nuestro alcance.
A grandes rasgos, estas fueron las motivaciones y el hilo conductor de la actividad. Se repartieron volantes entre los transeúntes, y eran de apreciar las expresiones de repudio cuando se les preguntaba si deseaban el regreso del capitalismo. La campaña que llevamos a cabo, guardamos la convicción, deberá conducir al mayor número de personas posible, a replantearse la actitud de apatía con que se abre paso al eventual proceso de desmantelamiento de los derechos de la clase trabajadora. Ante el ordenamiento de la nueva clase capitalista y su política, atomizadora de las resistencias individuales y colectivas al autoritarismo y la burocracia, levantamos la bandera de una sociedad auto-organizada por trabajadoras y trabajadores libres, que no es una ilusión trasnochada para almas inocentes, sino el proyecto trascendental de un pueblo laborioso, luchador y crítico, que decide sus destino en cada centro de trabajo y cada comunidad, con la solidaridad como lema central.
La actividad no estuvo exenta de la vigilancia policial y al terminar, cuando empezábamos a dispersarnos, agentes de la policía reclamaron su identificación a varios de nuestros compañeros. Los agentes, numerados con las chapillas 06466, 06281 y 06241, tomaron nota cuidadosa de los datos de identidad de estos compañeros, pero se negaron a informar acerca de alguna razón concreta para este acto.
Por nuestra parte, nos corresponde mantener la firmeza que exigen el valor y la justeza de la causa que defendemos. No nos conduce ningún afán de protagonismo egocéntrico, y nos encantaría que los nuestros fueran apenas unos más, entre muchas voces y brazos alzados en pro de la defensa, desarrollo y profundización del sistema social que se requiere para lograr un mundo mejor. A pesar del éxito temporal de la nueva burguesía, en la desmovilización de la resistencia popular, apreciamos que la población humilde y trabajadora mantiene igual rechazo al capitalismo y al autoritarismo, y en distintos lugares del país ya se han elevado protestas contra lo que pudiera llegar a ser una nueva estafa. Cada ciudadano o ciudadana puede ofrecer su aporte en esta causa.
Consideramos que en su forma actual el Proyecto de Código NO PUEDE SER APROBADO porque atenta contra conquistas esenciales de las clases trabajadoras de Cuba y Nuestra América.
  • ·         Rechacemos la aprobación de este Código, por ser restaurador del capitalismo en su forma más descarnada, por sus contradicciones, discriminaciones, omisiones y graves violaciones constitucionales.
  • ·          Afirmemos el derecho a la autogestión de quienes trabajan y al autogobierno   en la sociedad toda.
  • ·         Exijamos la publicación de todos los Reglamentos asociados a esta ley sean públicamente evaluados y discutidos.
  • ·         Exijamos agregar regulaciones sobre el derecho a huelga y la lucha sindical por el aumento de salarios y todos los derechos legítimos de quienes trabajan.
  • ·         Cualquier propuesta final debe ser sometida a Referendo Popular.


Parque El Curita, Centro Habana, 29 de septiembre de 2013.


9/30/2013

SOBRE LA NUEVA IZQUIERDA EN CUBA

La nueva izquierda cubana ha devenido un término utilizado frecuentemente en Cuba y fuera de Cuba para nombrar o referirse, más que a una tendencia ideológica o un movimiento político en particular, a un horizonte de expectativas que al menos haya cerrado cuentas claras con el pasado cincuentenario de la llamada Revolución Cubana y sus viejas izquierdas, tenga una visión esperanzadora, crítica y realista sobre el presente de la sociedad cubana, y tenga en sus manos –o al menos en mente- un proyecto de país sostenible y alternativo para el futuro inmediato.
En este sentido, me parece que es mucho más difícil de lo que parece hablar de una nueva izquierda realmente existente en Cuba. Creo que es inadecuado por completo si lo que se quisiera acentuar es la juventud de su membresía real o virtual, o la focalización exclusiva de la nueva izquierda en un movimiento concreto como, por ejemplo, el Observatorio Crítico. De lo contrario, lo más lógico o correcto, si realmente tal identificación fuese válida, sería enviarle un mensaje electrónico a sus coordinadores diciéndoles que por favor cambien el nombre que ustedes son la Nueva Izquierda Cubana. Por demás, creo que hay algún grupo que ya se llama así.
Me parece aun sospechoso y sumamente problemático este término, si lo que se quiere decir con nueva izquierda tiene alguna conexión ideológica o simplemente cronólogica con la “restauración” de la izquierda latinoamericana vía Hugo Chávez, Daniel Ortega y compañía. En última instancia, aunque no pretendo analizar esta problemática aquí, no creo que sea siquiera pensable trasplantar tales experiencias en suelo cubano.
Y es realmente difícil hablar de un movimiento de la nueva izquierda en Cuba si acentuamos en el horizonte de expectativas y no en contenido empírico real de un término, porque entonces estaremos hablando de algo que realmente se quiere, pero que verdaderamente no existe.
Esta es justamente la cuestión que discute Marie Laurie Geofrayy en un artículo republicado en el Blog del Observatorio Crítico. A la pregunta por la existencia de una nueva izquierda en Cuba, ella pasa por observarla y determinarla desde “diferencias estructuradoras” con los actores políticos de la oposición liberal y concluye con tal proposición: La “nueva izquierda” constituye por tanto más bien una nebulosa cuya ambición es ante todo experimentar, es decir, practicar nuevas formas de sociabilidad, de ciudadanía y de acción social, artística y política a nivel local, más que constituirse en una corriente política sólidamente estructurada.
Confieso que esta definición tan concluyente sobre la nueva izquierda cubana me parece tan inexacta como el término mismo con el cual la define. Nebulosa es la metonimia más vaga después de “globo” y “bola” que podríamos encontrar en el habla política de la cotidianidad cubana para nombrar algo que sucede, algo que existe. Y no por casualidad la realidad que queda para la ensayista en cuestión y con la cual puede verificar si existe o no “tal NIC” se ubica casi exclusivamente en el horizonte de expectativas.
Si existe una nueva izquierda cubana, como también podríamos hablar de una nueva derecha liberal, no debería definirse tanto esta por su horizonte de expectativas sino por su contenido empírico. O más bien en su capacidad de combinación del contenido real del movimiento con su proyecto, es decir: si existe alguna nueva izquierda en Cuba ésta tiene que ser “visible” y contable en ciudadanos, organizaciones, grupos, redes, instituciones o partidos, y con algún programa político del cual se desprendiese sin muchas entrelíneas:

1.              sus posicionamientos epistemológicos como movimiento ideológico y fuerza política en la Cuba del siglo XXI,
2.              su  posicionamiento crítico y estratégico frente al bloque histórico de la RC,
3.              su posicionamiento estratégico frente a los diversos actores políticos  de la derecha conservadora o liberal, y desde luego con los actores de la izquierda que no entrarían en el marco de la nueva izquierda,
4.              Una visión política (al menos una) en cuanto proyecto de país para el futuro mas inmediato, pero también para el futuro mediato.

Cuando hablo de posicionamientos epistemológicos no me refiero solamente a episteme en sentido fuerte y helénico, sino en la capacidad de haber superado, de haber sabido superar en la vida real las inmensas contradicciones de los socialismos históricos y reales, pero sobre todo los llevados a cabo en el mismo patio.
De haber efectuado una “operación epistemológica” (es decir, de saber en cuanto a las condiciones del saber mismo pero también del saber cómo), que haya solucionado epistemológicamente el callejón sin salida de una Revolución Cubana que se quedó entrampada entre dilemas como nacionalismo-antimperialismo, propiedad privada-propiedad estatal, democracia popular socialista-democracia liberal occidental, y otros más sin poder solucionar exitosamente ninguna de ellos. Justamente porque se planteó erróneamente y, sobre la base de tales falsos dilemas construyó toda su ideología y su proyecto de sociedad.
De haber efectuado una operación epistemológica capaz de superar – y de paso también disolver exitosamente los fantasmas y espectros que todavía emanan de- la crisis del bipolarismo de la Guerra Fría con algo más que nacionalismo del tipo 100% cubanos o Todos somos cubanos, que fue la receta ideológica de calce que le sirvió al Partido Comunista Cubano para sobrevivir al derrumbe de la URSS.
De haber efectuado una transición epistemológica más allá de los artilugios y reconversiones –en buena medida auténticas- en el campo artístico-cultural cubano desde el horizonte de una modernidad eurocéntrica a una postmodernidad pluricéntrica.
En otras palabras, ser capaz de situarse a la altura de las demandas, las aspiraciones, las expectativas de las inmensas mayorías afectadas, en el proceso posrevolucionario. Al mismo tiempo, ser capaz de situarse geopolítica, ideológica y políticamente en una situación de posible diálogo con la comunidad internacional. En pocas palabras, la nueva izquierda cubana independiente, o mejor dicho, conjuntamente con su intención profesa de practicar sociabilidades anticapitalistas, comunitarismo a nivel local para fortalecimiento de los lazos sociales y desarrollo de modelos más solidarios de convivencia social, no puede obliterar la dimensión del espacio-nación y su inserción en la sociedad global de una manera orgánica y sostenible.  

11/08/2012

Estamos en la Isla de la Libertad
Posted on noviembre 7, 2012 by luchatuyucataino

Por Ramón García Guerra

La tradición libertaria en Cuba fue rescatada –en pleno siglo XXI– por una generación de jóvenes que sobrevivió al naufragio de la revolución de los humildes. [Durante la década de 1960 Cuba fue bautizada como la Isla de la Libertad o el País de la Sonrisa.] El naufragio de esta revolución sería el resultado de la instauración del Estado obrerista en las décadas de 1970-1980.

La traición de esta revolución a manos de los estalinistas (Partido Socialista Popular) facilitó la integración de la nación al imperio soviético. Pero este resurgir de la tradición libertaria no fue algo fortuito, dado que la misma tiene hondas raíces en Cuba. [Situamos el punto de partida en la sociedad colonial del siglo XVII. (Hablamos del rescate de las libertades y derechos comunitarios del período de la Reconquista en España, ahora a manos de los criollos.)] Cuando la Isla fue lanzada a su suerte, entonces, florece en Cuba el Cabildo. Cuando naufraga el Estado obrerista, asimismo, resurge la tradición libertaria entre cubanos.

Porque dicha tradición está contenida en el magma popular. Las fuerzas de la reacción han intentado sofocar el fuego de la rebeldía. Esta fue la historia del siglo XX: caudillismo, populismo o fidelismo. Lo mismo da. Insistentemente esta tradición ha resurgido mil veces durante la larga marcha hacia la Libertad.

Todas las ortodoxias han hecho reverencia ante aquélla: desde los autonomistas hasta los comunistas… [Incluyendo a los liberales y los populistas.] Creciendo sobre sí misma la capacidad antropofágico-cultural del pueblo ha sido puesta al límite, siempre. Los mártires de la tradición libertaria en la historia de Cuba –desde Aponte hasta Guiteras– acaso han sido la expresión de un sentir popular. [Explica esto una realidad entre cubanos: porque ser libertario es más que ser anarquista. (Quienes hemos fundado el Taller Libertario Alfredo López luchamos por una refundación del socialismo que será libertaria.)] Incluso el fondo emocional del disenso (o malestar popular) es acaso la expresión de aquel espíritu libertario que bulle fortísimo desde el fondo del caldero.

Contamos en esta batalla con la fuerza de la tormenta que hizo naufragar al régimen estatista. El modelo de hombre masa que fue instituido en el proceso dañó la autoestima de millones de cubanos. La reacción pendular ante el agotamiento del socialismo estatista-autoritario bascula hacia el rescate de la integridad y plenitud de las personas. [Efectivamente, nada resulta más dramático en Cuba que rehacer el proyecto de vida individual y colectiva.]

La solución alternativa que ofrecen los libertarios está fundada en una individuación no egoísta (sino altruista) que libere el potencial de creatividad popular. En tal sentido, el rasgo que distingue a los libertarios al interior de la izquierda en Cuba habla de la mayor prioridad que éstos otorgan en la lucha contra la alienación. (La cuestión no es lograr el desarrollo sino qué tipo de desarrollo se trata de alcanzar.) La lucha de los libertarios en Cuba es contra la pobreza, el ecocidio, la homofobia, el racismo, la exclusión y el elitismo que define al ancie regime.

Santa Fe, La Habana, Cuba: 30 de octubre de 2012.
E-mail: ramon0260@gmail.com



Βρισκόμαστε στο Νησί της Ελευθερίας

Η «ελευθεριακή παράδοση» στην Κούβα διασώθηκε, στον 21ο  αιώνα, από μία γενιά νέων ανθρώπων που επέζησε το ναυάγιο της Επανάστασης των Καταφρονεμένων ή της Χώρας της Χαμογέλου. [Κατά τη διάρκεια της δεκαετίας του ΄60, η Κούβα είχε βαφτιστεί με το όνομα «Νησί της Ελευθερίας». Το ναυάγιο της επανάστασης αυτής είναι το αποτέλεσμα της δημιουργίας ενός κράτους εργατιστικού τύπου κατά των δεκαετιών ΄70 και ‘80.
Η προδοσία της επανάστασης από τα χέρια των σταλινιστών (το άλλοτε προεπαναστατικό Λαϊκό Σοσιαλιστικό Κόμμα) διευκόλυνε την ένταξη της χώρας μέσα στον σοβιετικό ιμπέριο. Αλλά αυτή η ανάδυση της ελευθεριακής παράδοσης δεν ήταν μια κάτι το τυχαίο  δεδομένου ότι η ίδια έχει βαθιές ρίζες στην Κουβανική κοινωνία. Τοποθετούμε το ορόσημο εκκίνησης της παράδοσης αυτής στον 18ο αιώνα κατά την Ισπανοκρατία. Όταν το νησί αφέθηκε στην τύχη τους, τότε αναδύεται στην αποικιακή Κούβα το φαινόμενο του «Cabildo». Όταν βούλιαξε το εργατιστικού τύπου κράτος στα τέλη του 1980, αναδύθηκε ξανά στην κοινωνική επιφάνεια, κατά της αρχές της δεκαετίας του ‘90, αυτή την ελευθεριακή παράδοση μεταξύ Κουβανών.
Επειδή αυτή η παράδοση εντάσσεται μέσα στο λαϊκό μάγμα. Και οι αντεπαναστατικές δυνάμεις έχουν επιδιώξει να πνίξουν τη φωτιά της εξέγερσης με αποτέλεσμα την ιστορία του εικοστού αιώνα: καουδιλλισμό, λαϊκισμό ή φιντελισμός. Όποια και αν είναι. Η παράδοση αυτή έχει αναβιώσει επανειλημμένα χιλιάδες φορές κατά τη μακρά πορεία προς την ελευθερία.
Όλες οι ορθοδοξίες έχουν υποκλιθεί απέναντι την έννοια ελευθερίας: Από τους αυτονομιστές για κομμουνιστές -συμπεριλαμβανομένων των φιλελεύθερων και λαϊκιστών. Μεγαλώνοντας πάνω τον εαυτό της, η «ανθρωποφαγηκή-πολιτιστική» ικανότητα των υποκειμένων έχει φτάσει στα όρια της. Οι μάρτυρες της απελευθερωτικής παράδοσης στην ιστορία της Κούβας –από Aponte με Guiteras- έχουν εκφράσει το λαϊκό αίσθημα υπέρ της ελευθερίας, δικαιοσύνης και αξιοπρέπειας. Αυτό φανερώνεται σε μία πραγματικότητα βιωμένη μεταξύ των Κουβανών: επειδή να είναι κανείς ελευθεριακός στη δική μας κοινωνία σημαίνει κάτι πέραν από να είναι αναρχικός. Όσοι έχουμε ιδρύσει το Ελευθεριακό Εργαστήρι Alfredo Lopez αγωνιζόμαστε για μία αναμόρφωση του σοσιαλισμού, με βάση την ελευθεριάζουσα οπτική, η οποία στοχεύει σε μία κοινωνία πιο ελεύθερη, δημοκρατική, συμμετοχική και αυτοδύναμη. Ακόμα και το συναισθηματικό υπόβαθρο της διαφωνίας ενάντια του πολιτικού συστήματος (ή της λαϊκής δυσαρέσκειας) στην τωρινή μας συγκυρία είναι μάλλον η έκφραση του ελευθεριάζοντος  πνεύματος που βράζει ισχυρά από τον «πάτο της κατσαρόλας».
Εμείς λαμβάνουμε υπόψη τη δύναμη της λαίλαπας που  πρότρεψε το ναυάγιο του κρατικιστικού μοντέλου στον αγώνα που δίνουμε. Το πρότυπο του μαζάνθρωπου που είχε συγκροτηθεί μέσα στο πλαίσιο της μετεπαναστατικής διαδικασίας έβλαψε την αυτοεκτίμηση εκατομμυρίων Κουβανών. Η αποτελούμενη αντίδραση απέναντι στην εξάντληση του κρατιστικού-αυταρχικού τύπου σοσιαλισμού ταλαντεύεται προς την αποκατάσταση της αξιοπρέπειας των ανθρώπων. Και πραγματικά, τίποτα άλλο δεν αποτελεί πιο δραματικό για την Κουβανική κοινωνία παρά να ανασυγκροτηθεί το έθνος  στο ατομικό και στο συλλογικό επίπεδο.
Η εναλλακτική λύση που προτείνουμε οι ελευθεριακοί στηρίζεται σε μία μην-ανιδιοτελή «εξατομίκευση» -μάλλον αλτρουιστική- που να ενεργοποιήσει το δυναμικό της λαϊκής δημιουργικότητας. Με την έννοια αυτή, το χαρακτηριστικό που διακρίνει τους ελευθεριακούς μέσα στην Κουβανική αριστερά είναι το να δίνουμε μείζονα προτεραιότητα στην καταπολέμηση της αποξένωσης του ανθρώπου και της αλλοτρίωσης της κοινωνίας. Το ζητούμενο δεν είναι να επιτευχθεί την ανάπτυξη της χώρας καθ΄ εαυτή, αλλά τι είδους ανάπτυξης θέλουμε να επιτυγχάνουμε. Ο ελευθεριακός αγώνας στην Κούβα είναι ενάντια στη φτώχεια, την οικοκτονία, την ομοφοβία, τον ρατσισμό, και τον κάθε τύπου αποκλεισμό και ελιτισμό που καθορίζει το ancien regime.

Ραμόν Γκαρσία Γκέρρα
7 Νοεμβρίου 2012

6/05/2012


El socialismo: un gran movimiento de cultura

La pregunta aquí continúa siendo la misma que se planteó la militancia crítica de la tradición moderna durante todo el siglo XX: cómo se puede generar una cosmovisión cultural ampliada que beneficie y cambie la vida a los sujetos en su experiencia de vida cotidiana. Pero la cuestión es que realmente aquellos que se lo propusieron en los inicios del siglo XX, como parte de la vanguardia cultural del modernismo europeo, no lo lograron: los surrealistas y los dadaístas. ¿Cómo evitar este amargo abismo entre la alta cultura[3] - expresión de la cultura universal y humanista- y unas condiciones de vida perforadas por la marginalidad y la exclusión social? La solución no puede ser convertir a los sujetos que viven en condiciones marginales en cubículos depositarios de la alta cultura o de una supuesta cultura elevada. La solución no radica en amplificar sobre el sujeto una inmensa y aplastante información científico- cultural que oblitere por completo las condiciones de apropiación en que los sujetos se encuentran para recibir ese horizonte de saberes e informaciones, las condiciones en que se ha articulado la experiencia de los saberes propios, y el horizonte de expectativas que tienen los sujetos en cuanto a lo que reconocen como cultura.
Esta batalla del realismo utópico que implica una revolución cultural en el orden y el mundo de la vida del sujeto histórico, no se resuelve tensando o trenzando la cuerda entre la visión elitista y la populista. Y mucho menos generando un pathos de autodefensa desde sus extremos. Las grandes problemáticas que desafían a nuestra sociedad no se pueden combatir con elusiones sutiles de intelectuales remilgados ni tampoco con silencios activos amparados en la sonrisa sarcástica, generados por el elitismo intelectual[4]. No es precisamente la ironía mordaz, ni el sarcasmo resentido de héroe sufriente los que salvarán los abismos que se interponen en las contradicciones históricas de nuestra sociedad. En este sentido, se trata del amplísimo contexto de una sociedad que posee miles de organizaciones e instituciones civiles, las cuales imaginan y ejercen una forma complementaria y suplementaria de la praxis política. Por eso, la batalla es múltiple en el campo de las ideologías y de la construcción de la hegemonía, en donde hay  que plantearse además, una lucha permanente contra el resentimiento y el cinismo.
Los socialismos históricos han errado en la cuestión de que ya no los sujetos pertenecientes a las clases oprimidas, marginadas, subalternas, sino los mismos dirigentes de la militancia política, del gobierno y del estado no han sido en su mayoría hombres formados cultural y profesionalmente. No se trata de si han leído a Homero o a Thomas Mann, la poesía de Roque Dalton o la novelística de Carpentier; sino sobre todo si se encuentran en la disposición incorporada de ser hombres y mujeres abiertos al diálogo y al debate; no instrumentalizado por intereses propios de clase o grupo social al margen del resto de la sociedad con la cual incluso establecen cierto compromiso histórico y político. Si se encuentran abiertos a una comprensión racional dinámica y crítica de las relaciones sociales de poder y de saber, materiales y espirituales de la sociedad en su conjunto. Si se pueden enfrentar al inmenso desafío de saber y practicar honestamente su poder explícito con y dentro la heterogeneidad cultural y de la complejidad de lo social. No se trata estrictamente de una cultura libresca o letrada, sino de la posibilidad siempre abierta de reconocer al otro como parte de sí y reconocerse como parte del otro. La racionalidad política de una instrumentalización explícita de la sociedad al encontrarse con la racionalidad dialógica de la cultura como capacidad crítica y organizativa del sujeto histórico, sin dudas, genera conflictos y contradicciones. La cuestión política radica en que tal desafío que plantea la misma realidad en su complejidad, no puede quedar al margen de una explicitación y confrontación de la realidad por los propios sujetos implicados en una perspectiva socialista de resolución.
Ante el desafío cultural que debe plantearse un proyecto de sociedad socialista, interviene otra cuestión de tanto peso como el impulso de una revolución cultural: la cuestión ideológica. El socialismo ´”real” planteó la centralidad de la ideología en el proceso de transformación de la praxis, pero de paso cometió el error de remitirse a ella como recurso instrumental –no cultural- y  última definición que justifica la posición de un sujeto dentro del proyecto, y que define el conjunto de su existencia dentro del proyecto de la nación.
Y es que se fue estableciendo una oposición abstracta entre ideología y cultura. De tal modo, mutatis mutandi, la ideología pasó a ser el recurso estricto de posición para una responsabilidad en el gobierno y la administración, mientras la cultura se convirtió en el jardín en el que se paseaban los intelectuales y el aliviadero de las pobres almas del proletariado. Estas dos problemáticas pendientes se revierten y reproducen sobre la relación conflictiva y específica que existe entre el campo de poder y el campo intelectual, entre el campo político y el campo cultural. Sin embargo, la única relación productiva que puede existir entre estos dos campos es aquella en que ambos logren un espacio ampliado para su respectiva autonomía relativa.
Por otro lado, pero vinculado a la cuestión de la cultura, en el socialismo como proyecto de socialización democrática no puede existir un abismo entre educación y cultura. El capitalismo no tiene que plantearse la pregunta del milenio: cómo dotar a millones de mujeres y hombres que nunca serán “ricos” y de “buena cuna” con un horizonte ampliado y enriquecido de cultura. La única manera que puede iniciarse este proceso de socialización a largo plazo es con un proyecto educacional que logre incorporar contenidos de una concepción ampliada de la cultura en un sentido democrático y crítico, descolonizador y contrahegemónico respecto a las dinámicas dominantes del capitalismo transnacional y neoliberal. Sólo de allí emergerá una nueva cultura, donde Ernesto Guevara prefiguraba utópicamente al hombre nuevo.
¿Qué puede significar el hombre nuevo en el socialismo, sino haber ganado la posibilidad de ser un hombre culto y libre al mismo tiempo? Rosa Luxemburgo, paradigma de la lucha contra el fascismo y el capitalismo, expresaba con lucidez que el socialismo no era una cuestión de cuchillo y tenedor, sino un gran movimiento de cultura. Estas palabras, hablan sobre lo mucho que hay que excavar y apropiarnos, de una vez y consecuentemente, de un imaginario crítico y revolucionario en el marco de la tradición y la cultura socialista y humanista. Desgraciadamente esta expresión ha sido expoliada de su contexto original, y atrapada al vuelo por una interpretación docetista y maniqueísta que no la ha comprendido cabalmente. Desde luego, esta expresión que hasta ahora parece tomada al vuelo aparece en un contexto de condiciones para la lucha política y la organización partidista de la izquierda que no se puede desligar de tres elementos clave: la lucha contra el fascismo y la desvirtuación de la socialdemocracia, el marco organizativo de la Tercera Internacional y las definiciones estratégicas y tácticas que debía alcanzar el movimiento comunista internacional respecto a cómo avanzar hacia el socialismo. Concretamente en Reforma y Revolución, Rosa Luxemburgo plantea la discusión –inconclusa hasta nuestros días- de la relación específica entre el marco de definiciones tácticas y estratégicas de la revolución y el objetivo final del socialismo.
Ninguna sociedad que justiprecie la dignidad humana se resuelve en una posición estática de llegar e (im)plantar, repartir lo que hay, y llenarse el vientre; sacudirse las manos y dar media vuelta; pero sí de saber cómo utilizar los instrumentos para la sustentación y conservación de la vida. La apropiación efectiva de la cultura en un proceso histórico realmente existente, con su implementación y puesta en práctica por las instituciones y los sujetos, su compleja y difusa circulación en el imaginario instituyente de la sociedad, la capacidad de producirse, distribuirse y consumirse en un sistema combinado de relaciones sociales, políticas y recursos constituye el punto de partida para un necesario posicionamiento crítico y sistémico frente al concepto de cultura. Sólo así deja de habitar como entelequia y se convierte en un instrumento –quizás sutil, pero tangible- de orden intelectual y práctico, y prácticamente inevitable, a la hora de pensar el estado actual de la cosa pública.
La praxis histórica socialista, practicada por un movimiento comunista de alcance mundial, desarrolló desde la teoría marxista un horizonte de problemas y soluciones teórico-prácticas en relación a esta profunda tesis de la centralidad de la cultura en el proceso de producción y reproducción de la sociedad, de la significatividad y funcionalidad del recurso de la cultura en la constitución de lo social. Es digno mencionar la teoría del fetichismo de la mercancía en Marx, los estudios de Lenin acerca del Estado y la revolución, las investigaciones socioculturales y estéticas de la Escuela de Frankfurt, la perspectiva gramsciana de la hegemonía y sus estudios sobre la organización cultural y la cultura popular, los estudios culturales de la Escuela de Birmighan, los estudios culturales  latinoamericanos, los estudios contracoloniales y postcoloniales, la posición del Che Guevara en El socialismo y el hombre en Cuba, las dinámicas y profundas experiencias de revoluciones socialistas, con sus éxitos y fracasos, como la Revolución Bolchevique y la China Maoísta. La tradición socialista, la cual urge para la actual generación estudiarla desde una posible apropiación crítica y desde una visión de totalidad, constituye un corpus teórico- práctico plural y secular de profundas implicaciones y transformaciones en el imaginario colectivo y la praxis histórica de la sociedad contemporánea. Al tiempo que estudiar con qué profunda visión y apropiación, desde una tradición no marxista, pero desde una perspectiva crítica, aparece en la concepción martiana de su ensayo Nuestra América y en un ampliado campo de posiciones y definiciones en el pensamiento cubano y universal.
Si hemos de pensar seriamente una revolución cultural tenemos que contar con un capital simbólico ampliado –con la capacidad de su organización y producción- que nos permita ver cada vez más las posibilidades reales de llevarla a cabo. Para esto, uno de los puntos arquimédicos es la institución socialista de una praxis pedagógica revolucionaria; una praxis de socialización del conocimiento basada en el diálogo y el debate, en la participación y la transformación. No una institución burguesa que reproduzca una pedagogía bancaria en las memorias rasas de alumnos autistas, ni una pedagogía de trinchera que imponga sobre mentes silenciosas, el pacto invisible de una ideología carismática, sin capacidad de explicitación de sus contenidos.
No hay que ser precisamente un afiliado de los estudios postcoloniales, para que en esta hora de nuestra historia, nos demos cuenta que el imperialismo, el capitalismo, y la burguesía transnacional sólo pueden garantizar la efectividad de su hegemonía cuando las pautas sedimentadas y consolidadas por un imperialismo cognitivo y ético se reproducen en las prácticas y saberes de la vida cotidiana y en las políticas institucionales; en el conjunto dinámico y difuso de las prácticas culturales. Es necesario partir de un modo de apropiación de la cultura que no sea estrictamente contemplativo, a fuerza de caer en una lógica ilusoria de indeterminación. El socialismo en un proceso y un proyecto de sociedad que supone una alternativa civilizatoria anticapitalista en el marco íntegro de un sistema combinado y ampliado de nuevas relaciones sociales entre los hombres y las naciones que se producen para una existencia cada vez más lograda en el mundo.
Se trata más bien de la cuestión básica de cómo emplear el cuchillo y el tenedor, para sentarnos al banquete, distribuir adecuadamente los cubiertos y los alimentos, tomarlos con la suficiente medida que permita que aquellos alcancen para todos y para cada uno; y estos no se derramen y también alcancen para todos y a cada uno, surtir bien las mezclas. Hacer el ruido pertinente con los cubiertos y demorar el tiempo suficiente que garantice una digestión eficaz y placentera. Se trata de que un movimiento amplio y crítico de cultura sólo es posible cuando los sujetos partícipes de un proceso ganen cada vez más concreción en la realización de su existencia, y alcancen cada vez más la tierra firme ante el mar de contingencias que se experimenta inevitablemente en la praxis histórica.
Se trata de repensar y, de hecho, ir organizando un nuevo modo de practicar las relaciones de propiedad, y los modos de apropiación de los medios de producción por parte de los sujetos; de practicar el poder, y las relaciones de poder entre todas las instancias micro/ macro de la nación y la región, las instituciones y entre los propios sujetos; de practicar los saberes, desde los que se emplean en la academia y los centros de producción estratégica del Estado y los gobiernos, hasta los que se producen y reproducen en la vida cotidiana, Con una pertinente interrelación y combinación interdisciplinaria y orgánica. De practicar la paciencia y la imaginación en función de crear y negociar espacios y políticas de democratización del poder, la propiedad y los saberes desde un horizonte de acumulación cultural que hemos ganado entre todos; porque también lo hemos producido. Sólo así se puede comprender el socialismo como un inmenso e intenso movimiento de cultura, que tiene como máxima prioridad al sujeto como partícipe y artífice efectivo de una nueva dinámica macro/micropolítica de organización social. Y esto implica la creación de una nueva sensibilidad y formas culturales emancipatorias, así como una ética permanente del reconocimiento y del diálogo capaz de sostener el esfuerzo de una existencia cada vez más digna, autónoma y libre para el ser humano.
Es importante, entonces, partir del punto en el que se toma conciencia de que pronunciar el mundo, implica el qué, el cómo, y el dónde pertinentes, que me pongan en situación. De qué socialismo hablamos en tanto programa político y proyecto de sociedad, cómo emprender este proceso y dónde hacerlo, de manera que arraigue y por fin se realice. Hablamos de un socialismo cuyo dictum es la socialización democrática de una praxis política constitutiva de un sujeto de saber, capaz de ejercer cierto poder a favor de su emancipación individual y colectiva. Su modus operandi constituye la empresa fundamental donde hay que laborar, trabajar con manos fuertes y sabias, con un pensar crítico e imaginativo. Su locus, se inicia en la plaza, en el aula, en la casa, y en la calle, al mismo tiempo que en un parlamento o en los despachos institucionales.

Notas

[3] Aquí hablamos de alta cultura desde la relación establecida entre las poéticas de las vanguardias artísticas y la praxis vital de los sujetos. Pero la cultura debe ser vista en su totalidad dialéctica, los cual implica los procesos de negociación e hibridación entre la cultura ilustrada, la cultura popular y la cultura de masas, al mismo tiempo que como totalidad incluye la producción de signos y valores que construyen los sujetos en los ámbitos de producción y reproducción de sus prácticas sociales.

[4] En nuestra sociedad hay una larga tradición crítica respecto a los modos específicos en que han establecido y desarrollado las prácticas antiintelectualistas. Sería también fructífero ver como se genera a nivel de sentido común y de estructuras enquistadas, especialmente en el campo intelectual, las prácticas de un elitismo intelectualista que genera la misma calidad de prejuicios en relación con el saber.



El socialismo y el hombre en Cuba
Sobre el sujeto político y el socialismo en Cuna a inicios del siglo XXI: nuestra generación habla

¿Por qué hoy los jóvenes cubanos hablarían con pasión y razón acerca del socialismo? Acompañados por la generación de nuestros padres, los cuales atribulados por la crisis sistémica de una nación “venida a menos”, y por un proyecto de nación en bancarrota; esperanzados quizás por la única razón de que tienen el tiempo contado para saber y poder hacer una revolución más pensadora y fluida dentro de una revolución trabada en el plasma de miles de contradicciones; un socialismo cada vez más participativo y democrático, dentro y fuera de un socialismo cada vez más estatista; una cultura más libertaria y descolonizadora que nos permita transformar nuestros prejuicios y experiencias a favor de ganar la capacidad que tendría cada sujeto de pensar un poco más por sí mismo, y que a cada cosa se le conceda el derecho a su existencia histórica.
¿Por qué ahora podría eclosionar en el habla cotidiana, en la insurgente y difusa opinión pública, un distanciamiento de la simple queja y la fábula nostálgica al tiempo que un acercamiento cada vez más crítico y propositivo ante los problemas que enfrentamos como sociedad? Diríamos que tal eclosión tendería a focalizar, localizar de manera crítica los problemas candentes y apremiantes que enfrentamos en la vida cotidiana, en la vida pública de la sociedad, y las posibles soluciones a la situación de crisis que sostiene la Isla. A favor de adoptar una posición política cada vez más explícita de compromiso con un proyecto social de nación viable. Quizás la razón sea la estricta exigencia histórica, siempre digna y posible, para cualquiera de los que nacimos dentro de la Revolución, y que aún no hemos renunciado a vivir en una nación que se ha propuesto que cada hombre tenga la dignidad de su pan y de su palabra, sin fruncir el ceño, de vergüenza o resentimiento. Sin embargo, tal propuesta, esos sueños-todavía se nos hace más claro a las generaciones posrevolucionarias y a la generación post-Castro, que se desvaneció prácticamente desde el principio.  
¿Por qué hoy clamamos por una generación revolucionaria (despierta), cada vez más numerosa (más unida que la unión que no hace la fuerza), que se disponga a repensar el modo de hacer sociedad que hemos heredado? Que, sin dudas, cuente con esa herencia para situarnos en la encrucijada en la que no habrá más remedio que redefinir nuestra intención y mostrar la capacidad de realizar el socialismo por el tiempo que nos ha tocado vivir; que conspire y batalle con las ideas, con una imaginación y paciencia políticas que nos permita darnos cuenta quiénes son los reales contrincantes del proyecto socialista y del poder revolucionario; que transpire la confianza que se nos ha quitado para hacer nuestro trazo en el mapa político- cultural de este caimán embelesado por miles de cantos de sirenas (que no precisamente vienen de la costa del lado de allá). 
Desde hace muchas décadas sabemos que el socialismo resultó un fracaso, nuestra generación debe saber que por la misma razón, tampoco es impostergable. El socialismo democrático, desde luego. No el socialismo stalinista, obrerista, estatista, fidelista, prosoviético, real o realmente existente, autoritario o despótico, de pachanga o caribeño, chovinista o autárquico, totalitario... como quiera que se le llame. La misma pinta llevan todos, y de la misma cosa se trata. De prohibirle al individuo sus libertades con coartadas de todo tipo, de prohibirle a la sociedad organizarse por sí misma. 
Hablamos de una generación en fase de despertar, que tiene que deconstruir (y aprender a deconstruir críticamente para construir de acuerdo a las necesidades crecientes y nuevas que realmente hace falta dentro del proyecto de sociedad que deseamos entre todos): una constelación de prácticas basadas en la pronunciación y apropiación del mundo sobre la base de la libertad y la dignidad. 
Con qué rostro se puede sostener qué es legítimo pillar al Estado y a la sociedad civil, dejando dicho entre líneas que todo se debe a una culpa metafísica signada por el bloqueo del Imperio. Cómo hemos llegado a refrenar nuestra indignación cuando el policía violenta al ciudadano por la sencilla razón de poseer un matiz pronunciado de piel o por su elección sexual. Cómo admitirnos que el delegado del municipio y de la base se conviertan en marionetas que acatan las decisiones que caen en picada, y aguanta las peticiones del pueblo trabajador, de manera tal, que lo que viene de arriba cristalice como inexorable tarea de choque e inmediata y, lo que viene de abajo se acuse como una demanda con solución a largo plazo o insoluble. Hasta que punto y límite es condición de posibilidad para ejercer la libertad personal y la autonomía colectiva; si la cuestión medular de la unidad e  identidad nacional, la sostenibilidad de la revolución cubana y el proyecto socialista radica en que sólo se puede ser más revolucionario, más socialista, más cubano y más autónomo, en la medida en que nos lo permita el mismo Imperio. La duda insoportable de que por causa del bloqueo imperial y de las fuerzas malignas del capitalismo transnacional, estemos obligados a reproducir sus propias prácticas imperiales bajo el tamiz de cierto mimetismo colonial que hasta cierto punto nos compromete, y una visión exogenista que de cierta manera hemos producido, en vez construir más alternativas emancipatorias endógenas de cara no sólo al Imperio sino a nosotros mismos, le puede quitar el sueño a más de un revolucionario.
Cómo soportar que el militante te aco(u)se en una esquina de diversionismo ideológico, como si se tratase de un enfermo que ha de avergonzarse por pensar de manera diferente, y él un inquisidor que inocula la moralina que custodia y garantiza el buen pensar. No existen “problemas ideológicos” más que cuando la ideología en el campo mismo de la hegemonía se convierte en el problema central de la praxis política de una revolución contrahegemónica. El problema ideológico no es estrictamente moral, pero la práctica de la moralidad en la cosa pública e incluso, de algún modo, en la cosa privada, si puede ser una cuestión ideológica. De qué otro modo se puede entender que hombres y mujeres de larga data en la lucha revolucionaria o simplemente en su experiencia de vida dentro de una revolución socialista que exalta la justicia social y la fraternidad, se comporten racista, sexista o simplemente despectivamente frente a cualquier situación humana. Con la consabida implicación social que en nuestra sociedad puede arrojar, cuando sabemos la correspondencia axiológica que en nuestra sociedad existe entre la militancia política y la responsabilidad social.
Cómo es posible que en una nación, con una cultura política revolucionaria consolidada a lo largo de casi doscientos años, se preserve y potencie una retórica agresiva en la vida cotidiana, en la que los triunfales y bienpensantes que no se “marcan” son revolucionarios, frente a los que caen en desgracia por ser disidentes, escoria y gusanos; cuando lo que realmente hacen –salvo determinadas excepciones y grupos de excepción- es reflexionar y pensar en colectivo la misma cosa pública, luchando a brazo partido por su propia vida, puesto que evidentemente no cobran un centavo por ninguna mafia que compita en el chanchullo político anexionista. Dónde está la capacidad de distinción que permite que se preserve la dimensión crítica que permita al socialismo desarrollarse como un proceso que no se interrumpa constantemente por la sospecha permanente. Entonces, no sería tan difícil darnos cuenta, luego de una crisis de regresión económica sistemática, cuánto hemos fallado a la imaginación política y poética para salir de nuestro empobrecimiento material y espiritual, palpable con cifras y sin ellas en la sociedad realmente existente. En primer lugar caer en la cuenta que estamos viviendo un proceso en el que todos hemos sido de algún modo víctimas y victimarios; rehenes de una estructuración ideológica donde muchos términos se vuelven ambiguos y sutilmente escandalosos.
Estamos en un punto de inflexión donde vemos salir al país de su peor debacle económica a través de un espejismo que supone la latencia de crecimientos desajustados en la reestructuración económica del país y una creciente deslegitimación y desmotivación en el ámbito de la ideología. La proyección pública del imaginario político no tiene mucho tiempo para detenerse en el recuento nostálgico y parvulario, de la merienda escolar de los ochenta o los largos ayunos y apagones de los noventa. Ni en la fabulación acerca de un futuro que no nos toca y que realmente no existe. La tarea política inmediata radica en encontrar en el grado crítico de la praxis política y cultural nuestra capacidad de supervivencia y de nuestra imaginación colectiva la posibilidad concreta de apoderarnos de nuestra sociedad en el presente.
Hoy sólo es posible salvar las conquistas del socialismo, si ante todo se solucionan las contradicciones generadas en el contexto de surgimiento y desarrollo del socialismo en Cuba; si se toma una visión histórica de larga lente que de cuenta del socialismo cubano como una variante histórica y creativa específica del socialismo mundial; y nos adentremos en un horizonte teórico- práctico de transformación de nuestras premisas, prejuicios, prácticas, concepciones y estrategias en el contexto sistemático de un debate real, público, democrático, crítico y sostenido. Hay que conquistar todo el socialismo de nuevo, sin sacar cuentas predeterminadas en una balanza de logros y yerros. Esto significa reducir al máximo los vestigios del colonialismo, las dinámicas liberalistas y neoliberales de la burguesía reacomodada, el adocenamiento y la hiperinflación de los sectores burocráticos y profesionales, y el empantanamiento de la acción organizadora del Estado.
Hay sólo una mínima razón para hablar, más de lo que el pensamiento piensa, lo que la lengua calla y por la que el corazón sufre: el rompimiento de los ideales no puede paralizarse en una persistencia cansina del ideal por sí mismo, incontrastable con la dura realidad. Tiene que efectuarse una batalla campal de redefinición de los ideales sobre la base del reconocimiento de un mundo escindido, de una sociedad puesta en crisis. Tanta solidez tiene el conflicto como una tragedia, por lo menos en clave política: la división macrosocial que generó desigualdades concretas y que han provocado un malestar insoportable en el conjunto de la sociedad, puede hoy verse sin lentes y decirse sin dobleces.
La masa social crítica que exige hoy una solución política, económica y cultural en el contexto del socialismo cubano se las ha de ver con aquellos que han sido más afectados profundamente en las últimas dos décadas en la saga histórica de la revolución cubana. Una masa crítica que ningún proyecto socialista puede solucionar con radicales ni despejes, a fuerza de cesar como proyecto político y proceso revolucionarios: los que han sido afectados como sujetos reales dentro de un proyecto socialista de largo alcance, que hoy cumple medio siglo son estos: los trabajadores, los intelectuales, los estudiantes, los negros, los orientales, las mujeres y los homosexuales. Resulta la inmensa mayoría de los que viven hoy en este país: esto significa que el socialismo y el hombre en Cuba están en plena crisis y es urgente su reformulación práctico- teórica.
La definición democrática del poder revolucionario que, en los años 60´, se articuló desde el contexto de un nacionalismo revolucionario vinculado a un socialismo marxista contracolonial, sólo se puede comprender en un horizonte de formación ideológica y cultural y de transformación social de larga duración. A esa historia de sobresaltos, revoluciones, sacrificios, intervenciones y lucidez no se puede renunciar. Hay que reconvertirla en poder social, relato cotidiano e imaginario instituyente de nuestra sociedad. Desde allí, desde ese tiempo de fundación hay unas interrogantes a nuestro presente: ¿Cómo la concepción básica del patriotismo legada por la tradición de luchas independentistas y antiimperialistas que cristaliza en la palabra martiana de Patria es Humanidad, y la concepción básica del socialismo legada por una tradición de luchas basadas en el internacionalismo y la democracia hubo de convertirse en lo que presenciamos hoy como resultado de todo medio siglo de construcción de una nueva sociedad?
El nacionalismo revolucionario, a través de contradicciones agudizadas y nunca esclarecidas en la esfera pública, sujetas sólo a una indiscutible dignidad de autodeterminación nacional engendró un autarquismo chovinista, al tiempo que el socialismo con una larga tradición de múltiples visiones y conquistas, recaló en un socialismo de Estado obturado por un marxismo dogmático. El autarquismo chovinista y el marxismo tribunario y dogmático produjeron una lógica en el espacio de las políticas públicas y el sentido común que impregnó la base de la sociedad, generando un conjunto de relaciones entre Estado y sociedad civil, perniciosas para la acumulación y reproducción socialista de la sociedad. Una lógica de fragmentación y exclusión en la que cada vez más se reduciría el horizonte de aquellos que podían definir lo revolucionario y, de paso, definirse como revolucionarios, frente a aquellos que podían ejercer el poder en la construcción del proyecto de sociedad.
La complejidad que implica comprender la hegemonía socialista parte de la capacidad real que la sociedad tenga de convertir la relación entre la capacidad de decir y definir el poder revolucionario y la capacidad de ejercerlo como poder constituyente en una relación orgánica dentro de la sociedad; y no en una antinomia suprahistórica en el plano de la abstracción especulativa. Las disyunciones suprahistóricas de la teoría marxista que hasta ahora se han preservado no son sólo materialismo-idealismo, trascendencia-inmanencia: estas a mi juicio un marxista las puede superar con cierta dignidad teórica en cuestiones de segundos. El problema radica en que después de 150 años de puesta en práctica de teoría marxista y práctica socialista aún se estén reproduciendo estas disyunciones sin darles una solución dialéctica y estructural: socialismo /mercado, reforma/revolución, propiedad/poder, y otras. La lista es larga y pesa a nivel social en el modo en que se piensa y se pone en práctica la organización de la sociedad.
Evidentemente, un proyecto como este tiene una constitución política basada en una combinación dialéctica de principios que lo animan y prácticas que lo materializan. Los conceptos más caros para cada cubano que le tocó vivir y nacer bajo este proyecto son tres: Patria, Revolución y Socialismo. Aquí renace el Logos de la Nación, su Ley, su Historia y su Meta a partir del Triunfo Revolucionario. Todo delirio y entusiasmo, toda lucidez y razón de ser, tuvo que renacer con estas caras palabras, convertidas en conjuros, consignas, imágenes: símbolos máximos en el orden de lo que se dice y de lo que se puede hacer. La historia de nuestra nación ha sido un devenir revolucionario hacia la realización de la plena dignidad y la justicia social para todos los cubanos. Esta combinación sintáctica y plataforma ideológica se resolvió en un inicio con la ampliación del poder político en la base a partir de un conjunto de acciones que fueron asumidas por derecho propio, en el contexto de una nación con patria soberana y de un socialismo comprometido con las causas del Tercer Mundo.
Pero donde hay luz, hay sombras. También hubo una ruptura del poder revolucionario. La lógica de fragmentación y exclusión- no es otra que la de la concentración del poder social de la mayoría en las manos y las mentes de una minoría- es producto de las contradicciones de la antinomia capitalista capital/ trabajo. Es decir, la concentración del capital social y su desvirtuación-deformación en manos de una tecno-burocracia emergente, frente una praxis social reconducida al cumplimiento de tareas casi siempre asignadas verticalmente y a la alienación política de su accionar colectivo e individual en una gestión autónoma y colectiva de la sociedad. El capital social constituye el conjunto de relaciones simbólicas, ideológicas, económicas y políticas que se produce y reproduce en la sociedad. Muchas fuerzas -tanto de la estructura sociopolítica como del imaginario sociocultural instituido- mediaron en el deslizamiento.
La figura apasionada y polémica del revolucionario fue vencida por la serenidad del funcionario y la intransigencia del “cuadro”. Esto se explica en el pasaje que va desde una revolución triunfadora y pensadora, en la que se había otorgado por derecho propio una zona amplia para definir y ejercer el poder revolucionario en la sociedad, hacia una escisión entre un Estado cada vez más burocratizado, centralizado y verticalista frente a una sociedad de multitudes, grupos, movimientos e individuos que aún tendrían suficientes pilas para mantener encendida la llama de la Revolución.
En esta hora, se asfixiaría toda conciencia crítica en el posible escenario de la praxis política si hubiese que explicar esta lógica desde la ambivalencia de un temor libidinal de un inmenso movimiento de masas que tiene el derecho y la capacidad de decir lo que no está dicho y de una razón de Estado que visualiza y legitima este silencio compartido, con temor y con temblor, frente al peligro y la amenaza siempre urgente del imperialismo externo y la contrarrevolución interna en cada punto del espacio-nación. Pero aun así sería una ingenuidad creer que la crisis de nuestra nación no pasa por la psique individual y el imaginario cultural colectivo; que estas instancias no tiene en absoluto una centralidad en el análisis de nuestra situación: la peculiaridad de los mecanismos psíquicos de supervivencia, los hábitos perceptivos y la dinámica culturales en términos de conductas reactivas y preactivas, así comportamientos residuales y compensatorios.
Esta cuestión psicocultural, vinculada al deseo y a la supervivencia, no se resuelve con textos eminentes en lengua franca de sociodicea: como decir que el miedo a la libertad en la era moderna de los totalitarismos…, el choteo es la negación de la cultura cubana…, cuya posibilidad de salvar es caminando holgadamente por la rampa etérea hacia el espíritu…, etc. Esta analítica del deseo y del temor, de la murmuración y la autocensura, de las expectativas y las añoranzas, hay que darle su posibilidad de decirnos algo más acá de lo que piensa el cubano frente a la institución social. Es precisamente en los intersticios de nuestra conciencia lúcida y la imposibilidad de superar nuestro temor a la vida y a la muerte, que se tejen y cuajan con más fuerza los pactos invisibles de la sociedad. Es decir, los contratos sociales de los que casi no se hablan, porque son contratos que nadie escribe, ni firma, a fuerza de caer en evidencia el cinismo o la vergüenza: el terror máximo de la buena conciencia.
Los pactos invisibles han tenido una larga historia que sólo ha tributado a que la lógica del corazón no encuentra una razón social más para luchar con esperanza: el síndrome de la decepción. El problema central en términos de psique y deseo, que enfrenta el socialismo como un programa político de amplia demanda participativa para la objetivación de una nueva dinámica social basada en la autogestión y planificación colectiva, la cooperación y la socialización ampliada del poder, la propiedad y los saberes; como una opción social para hacer praxis política tanto en la dimensión micro como en la macro, radica en que no se hace sólo con cifras y razonamiento procedimental, sino que hay contar en cada caso y para cada cosa con lo que realmente siente, quiere y piensa el sujeto: más razón para comprender la necesidad de una democracia participativa ampliada. No se trata de una discusión ontológica en el sentido que el proyecto soluciona el problema de la libertad y la necesidad, o una cuestión romántica en tanto que el alma aspira a lo Real; sino del socialismo como un programa político que define a una sociedad de mando democrático y colectivo: de autogobierno y autoinstitución.
La batalla que hoy enfrenta este pueblo es tanto política como cultural, en la que se definirá las posibilidades de preservar un nacionalismo de resistencia. Su premisa de doble hoja, a saber, la definición nacionalista y poscolonial al luchar contra toda hegemonía imperialista, y la definición democrática y emancipadora al darle continuidad al proyecto socialista, también se afirma en la capacidad que los hombres y mujeres de esta patria martiana tengan de hacer una lectura ética y política de su propia realidad. La cuestión, por supuesto, no está sólo en hacer una mera lectura de los pasajes ínfimos de nuestra vida cotidiana, como cuando escuchamos un cuento de Pepito y sonreímos, o cuando vemos a la nueva clase de los ricos pasearse en sus pulcros autos y sus hijitas anoréxicas haciendo ruido con sus celulares por los pasillos de nuestros centros escolares. Sino en la capacidad de narrar nuestra saga histórica en la multiplicidad de sus procesos y sus acontecimientos, ver sus efectos de corto, mediano y largo alcance en el devenir de la construcción de la nación.
La necesidad de la supervivencia de la Revolución Cubana sólo es un imperativo ético y un ideal constitutivo, si la continuidad del proyecto socialista es una exigencia política de millones de cubanos que les cabe por derecho propio la gestión de la sociedad. Por tanto, es clave la revalorización de este proyecto en el marco del sistema mundial capitalista, y a favor de la construcción de una sociedad que ha padecido un desgaste sistemático desde hace casi dos décadas en los aspectos político, económico y cultural.  Ya no somos el pueblo de hojas y servidumbre de hace un centenar de años, que se les persuade con consignas histéricas y fábulas esópicas. Nunca nos ha pasado por la mente aceptar la historia como una fábula fruitiva: resuelta desde su principio. De hecho, la Historia de nuestra Nación se descongela y se vuelve a articular en la historia de nuestro municipio y de la región, y en la historia del sistema-mundo capitalista. Ella misma no puede continuar cargando con los grilletes de la guerra fría y el estanco del tabaco; con la invención postsocialista de un Gran Hermano y un Enemigo Común, la invención colonial de una Sociedad de Favores y Lealtades, ni la invención poscapitalista de una narración centenaria que bascula entre los fantasmas de una República mediatizada y una Revolución emancipada.
Somos una generación que ha crecido bajo el impulso utópico de las narraciones que fundaron esta revolución: el relato épico del sujeto heroico, el evangelio pedagógico del sacrificio y la humildad y el panfleto modernista del intelectual comprometido y del buen trabajador. Hemos crecido a la sombra y a la luz del relato romántico del pueblo valiente y aguerrido, uniformado y combativo. También bajo el relato de la supervivencia histórica de la Revolución ante las amenazas del Gran Enemigo y de los Enemigos del Pueblo.
Hoy, más que Enemigo Común y los Enemigos del Pueblo, lo que se ha multiplicado y reacomodado es una constelación de prácticas antisocialistas, reaccionarias encarnadas en el haber y creer de muchos sujetos e instituciones fuera, pero sobre todo dentro del país. Cuando esta nación se vuelva sobre la pertinente y orgánica interrelación de política interna y política externa, a través de un balance dialogado y consensuado entre los sujetos que se sujetan a la Constitución de la República con el ejercicio real y efectivo del poder popular socialista, estaremos en mejores condiciones de saber cuáles son los verdaderos enemigos de la revolución socialista. En esta vuelta de 180 grados, también descongelar la figura del Gran Hermano en un conjunto de organizaciones y naciones que, a través de procesos de cooperación, negociación y asociación soporten una dinámica de inversión económica, solidaridad política y cooperación cultural convenientes para nuestra nación sin tener que padecer el clientelismo y la dependencia neocolonial. Al modelo de la Guerra Fría, generador de un mimetismo postcolonial, hay que hacerle frente, con una batalla política, económica y cultural de largo alcance en el contexto latinoamericano actual, sin obviar para nada el contexto del sistema-mundo capitalista orquestado por las dinámicas civilizatorias imperiales y regionales. La Revolución Cubana sólo puede preservar el socialismo si también potencia efectivamente que cada sujeto partícipe del proyecto social sea miembro efectivo desde su puesto de debate y combate, de la seguridad del estado político de la sociedad en su conjunto. De tal modo que no exista una burocracia protegiendo sus propios intereses desde la capitalización del poder revolucionario frente a los intereses del pueblo trabajador, ni divida ni confunda las fuerzas revolucionarias a través de una retórica oportunista y el cinismo de la mala conciencia.
Hay algo que urge para la reproducción ampliada de una praxis socialista constituyente en la carne y la sangre de la nación, es precisamente el rescate de la dimensión ética del socialismo. Recuperar esta dimensión ética implica repensar un conjunto de prácticas que van desde el inmovilismo y el cinismo hasta el sexismo y el racismo visceral que ha generado esta acumulación capitalista en manos de la nueva burguesía y de una burocracia gerencial. La cual respira y suspira a pulso de manos con una juventud inexperta y afiliada, por el pulmón de un neoliberalismo fronterizo, articulado a través de una imaginería electrónico- mediática y un sistema de privilegios sociales adquiridos e incuestionados. ¿Cómo hacer este rescate sin recurrir a estas grandes narraciones tal y como se articularon en su origen, y que han padecido un paulatino y progresivo desgaste simbólico? Repensar la ética en el socialismo significa partir de las causas que llevaron a la crisis de la ideología marxista y nacionalista de la Revolución Cubana, a la ruptura de los ideales, y al vaciamiento de sentido de muchos contenidos específicos de la hegemonía revolucionaria.
Hoy sabemos que una clase dominante y opresiva no es sólo un grupo social que defiende sus propios intereses sobre la base de una hegemonía que cristaliza en la ideología clasista de los grupos dominantes, sino que esta clase en determinadas condiciones históricas, pasa a ser la guardiana y garante de los pactos invisibles de la sociedad y se integra a sí misma dentro de la sociedad como un grupo privilegiado. De ahí viene el aura del poder, en aquellos que “tienen” el Poder y, por tanto, la necesidad revolucionaria de desauratizar la política, en aquellos que “hacen” la Política. El proceso de socialización del poder dentro del marco de un socialismo democrático, procuraría destruir esos pactos invisibles y sustituirlas por alianzas políticas, económicas y culturales extensamente visibles y palpables para la propia sociedad, sobre la base de una continua y ampliada gestión entre diferentes actores de la sociedad civil y las instituciones del Gobierno y el Estado. Sin dudas, la socialización democrática de la propiedad individual y colectiva, la reestructuración socialista del estado y el gobierno, no aparecerá con soluciones trilladas de multipartidismo y reformismo constitucional, ni con la privatización de la pequeña propiedad privada capitalista a lo largo y ancho del país.
Este sistema plural y cooperativo de alianzas deben estar basadas en la jerarquización compartida y escalonada, la cooperación intersectorial, el fortalecimiento de las estructuras organizativas y directivas de la municipalidad y la localidad; la reducción del poder militar y su cooperación con los poderes civiles; la permanente coordinación de trabajo de mesa y de campo sobre la base de consejos entre los profesionales, trabajadores, intelectuales y los poderes ejecutivos y legislativo de las administraciones públicas, y otros factores de la sociedad civil; la constitución efectiva de las alianzas interasociativas; la refuncionalización de las organizaciones históricas de la sociedad cubana; la reestructuración de los organismos centrales del Estado; atendiendo especialmente a la reducción de la burocracia, la reformulación de la estructura de mando, la coordinación interministerial y su correspondiente reactivación dentro de un marco de descentralización cooperativa y autogestionaria vinculada a una centralización escalonada y oblicua. 
Sólo un movimiento de masas populares y trabajadoras puede acceder a una relación desinhibida con el poder cuando se incluye dentro de un sistema de relaciones de propiedad, de producción, distribución y consumo, además de relaciones de intercambio simbólico en el que evidentemente no le queda más remedio que ser un partícipe y artífice efectivo de la sociedad que el mismo vive. Una relación desinhibida con el poder, es decir, una efectiva ganancia participativa en las relaciones de poder y de saber, que le permiten al sujeto adoptar posiciones, aportar ideas, comprometerse con la comunidad y tomar decisiones de corto, mediano o largo alcance en el espacio real de la sociedad, no significa para nada una relación libre de conflictos, contradicciones e insatisfacciones.
En una sociedad cuya trama social esta pautada por determinadas condiciones de posibilidad y de existencia para la emergencia, cristalización y consolidación de un nuevo tipo de relaciones de producción y reproducción de la vida como exige el socialismo, hay que sistematizar un régimen de acontecer y expresión de los múltiples sentidos de la multitud dentro de un orden que rechace la prohibición castrante de la praxis deseante, la moralización ocultante y oportunista, y la tabuización temática. Una revolución se efectúa en todos los aspectos de la vida de los sujetos, en todas las estructuras de la vida de la sociedad. Una revolución social que intente anclar en la transformación de la vida de los hombres sólo es posible si también se practica en el orden de la sensibilidad, de la sensualidad y la sexualidad; si se practica en la posibilidad real de organizar y articular el tiempo existencial de los sujetos dentro del tiempo social en función de optimizar un equilibrio entre las necesidades y las libertades que configuran su existencia. Aparece en el orden de los juegos, las modas y los diseños; en los modos de apropiación de los saberes, en el campo de la educación y la enseñanza tanto en familia como en la escuela: una revolución se hace de manera total dentro de una sociedad, o no se hace.
Frente a la hegemonía de la “nueva clase protoburguesa”, diseminada y rearticulada en los grupos sociales más susceptibles y emergentes de la sociedad, hay que revitalizar una contrahegemonía cultural revolucionaria de resistencia, a partir de la socialización de un imaginario crítico ejercido fundamentalmente por los grupos intelectuales, profesionales y estudiantiles, en vínculo con los sectores populares emergentes que se saben afectados por el status quo. Es por esto que la ideología constituye el nudo gordiano de la configuración de la hegemonía revolucionaria.
La ideología no es solo un sistema de representaciones como imaginó Marx, desde una filosofía reflexiva y activa del sujeto autoconsciente; no es sólo una totalidad ideal que se objetiva en una conciencia de clase frente a otra conciencia de clase, cómo concibió Lenin. La ideología funciona como una concepción del mundo que el sujeto vive, una visión del mundo que penetra en la vida práctica de los hombres y es capaz de animar e inspirar su praxis social. Un sujeto constituyente, y la sociedad misma, sólo puede pensarse desde el momento en que la ideología es ya una fuerza histórica productiva y reproductiva de la historia y la cultura dentro de un sistema complejo de relaciones de saber y de poder. Es la trama imaginaria, que se articula a través de mapas mentales, nociones, creencias e imágenes que se configuran en la experiencia de los sujetos, generando comportamientos, saberes y verdades específicos. Cómo diría Althusser, la ideología proporciona a los hombres un imaginario para comprender el mundo y un régimen moral para guiar sus prácticas. A través de la ideología, los hombres toman conciencia de sus conflictos vitales y luchan por resolverlos. Determinados programas nocturnos en la televisión, la clase de un maestro, la experiencia cotidiana de vivir con el aguijón de la doble moneda pendiendo como una espada sobre el estómago, más que un consigna estampada a todo color en una valla de gran formato o los gritos de histeria ideológica de algún que otro periodista en el noticiario, constituyen puntos de anudamiento donde los individuos tejen las creencias, expectativas y concepciones que poco a poco van a sedimentar una manera de relacionarse con su sociedad. 
Nosotros los cubanos, especialmente las nuevas generaciones, la única ventaja que tenemos como sujetos frente al mundo y favor de éste, es que ya no necesitamos pasar por la experiencia del capitalismo -ni siquiera es necesario la voluntad de un fantasma libidinal represivo desde la práctica discursiva de una ideología nostálgica- ni tampoco perpetuar a conciencia un socialismo de Estado que está dando a término en nuestro propio suelo. Frente a esto, lo único digno que queda es una responsabilidad individual y colectiva tremenda: apoderarnos de nuestra revolución en favor de una verdadera producción ampliada y cada vez más consciente del socialismo como praxis democrática y libertaria. Esta responsabilidad lleva a cuestas, una multiplicidad de desafíos.
Si la revolución cubana, como peregrina de la experiencia socialista quiere sobrevivir, debe buscar un filón político que se tendrá que abrir paso por entre las macroestructuras históricamente practicables de un populismo radical vinculado a un comunismo de trinchera, de un capitalismo neoliberal de baja intensidad (constitución de un Estado mínimo y una pléyade de agrupaciones y asociaciones que sustituirían la sociedad civil socialista en el marco de una nación hiper-atomizada al estilo de las democracias euro-orientales), y de un capitalismo de Estado de bienestar, en manos de una tecno-burocracia en la que se depositaría todo el esfuerzo y la voluntad política de un pueblo que ha vivido medio siglo bajo la esperanza y la constitución de una sociedad socialista.
El problema de base que presenta el socialismo como la puesta en práctica del poder revolucionario- que sólo es real si, en una perspectiva de sociedad en paulatino e integral desarrollo sociocultural, se convierte en poder constituyente de los sujetos- en favor de una transformación global y liberadora de la sociedad, implica la cuestión misma de los límites de ese poder revolucionario en mano de los sujetos partícipes del proyecto. La definición democrática del poder revolucionario, de por sí indefinible, no radicaría en el derecho a juzgar a la Revolución, y tampoco en sacrificar nuestra dosis de libertad pública y personal a favor de una unidad ideológica monolítica e incuestionable; sino en la capacidad de hacer la revolución entre todos, sobre la base de una conciencia política crítica -y ampliada en la base de la sociedad- que aprenda a y pueda definir sus posibilidades y límites.
El proyecto socialista en su larga historia anegada de fracasos, fantasmas y pesadillas; sin embargo, con cuantiosas y valiosas experiencias positivas para la acción, no puede continuar esperando en el banco de la decepción y la derrota. No puede hibernar ni en el mundo de Sofía, ni de Utopía; a la espera de una planificación cibernética fundadas en programas y carpetas sin resguardos antivirales, o de una techné política de alta definición, incontrastable por sí misma con el mundo de las doxas y las cosas, la vida pública y los múltiples sentidos que a la misma vida nosotros damos. Esta es y será su verdadera bancarrota.
Estamos, sin dudas, en un camino donde la inmensa mayoría del pueblo cubano continúa marcándole los pasos, con una voluntad política colectiva y revolucionaria, al hecho mismo de hacer nuestra revolución, y quizás en este instante con más fuerza y fe. Todo parece indicar, por así decirlo, en esta hora, que a la generación de nuestros padres y abuelos, les corresponde sostener el curso de la historia en este presente de tal modo que el pasado sea una frontera discontinua y crítica, mientras a nuestra generación, la de esta hora y la de nuestros hijos, nos queda sostener ese mismo presente con el recurso de la cultura, en favor del futuro que todos queremos.

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